“Si el sistema es definido, es nuestro deber cooperar. Sacarle el máximo jugo, aunque resulten nuestras ideas contrarias al mismo. Divulgar nuestra opinión, movernos por cambiar las cosas, sí, pero no sabotear lo impuesto, pues así tan sólo se consigue frenar el progreso, invalidar la experiencia. Y si actuar así te resulta inconcebible, entonces y sólo entonces es tu deber revolucionarte abiertamente y abogar por el lado contrario.”
“¿Y si el sistema se acomoda en un contexto en el que es aceptable que cada cual sabotee las normas a placer, acorde a lo que harán los demás, considerándolo lo más lógico, y descartando la fuerza potencial de cualquier planteamiento idílico?”
“Yo, me revolucionaría...”

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