Un día me dijiste que no estabas segura de creer que el amor fuese algo cierto. No sabías lo que sentías, ni cómo calificarlo. “Sí, claro que es amor”, dijiste, “pero no es un amor de cuento. No es lo que soñé, no es lo que sacia el afán de heroísmo de un protagonista de ensueño.” “El amor que nos llega” seguiste, “es tan sólo el amor que nos quieren vender, es amor barato, amor adolescente, le sobra ilusión, pero le falta todo el calor y el afecto; y sin embargo, es tan romántico. Me gustaría sentirlo de nuevo. Sé que duraría unos segundos, porque es un sentimiento condenado... Pero no, no, no me refiero a eso. Lo que me gustaría es que fuese eterno.”
¿Sabes, vida? Pensé, dolido. Creo que aún estás por conocerlo.
Hoy me permito conducir tus palabras hasta el sexo. Ése sobre el que dicen que, en realidad, gira el hombre en su universo entero. El mismo que garantiza la fama, la atención, el espectáculo, el clímax. Yo no creo en eso.
No creo que dos personas, al acostarse, encuentren su momento perfecto. No defiendo las ganas de una mujer por follarse a un hombre nada más conocerlo. No lo veo natural, biológico; sincero.
Pensar en alguien del pasado por su cuerpo, y no por su afecto. Sentir un escalofrío ante la presencia de un amado y entender necesidad por poseerlo. Definirme en tu piel, conocer tu tacto, saber que te follaré. No, te juro que no lo anhelo.
Ya fui una vez adolescente, viví para desnudarte, me morí con cada felación, sólo por saber que me la estabas haciendo. Tu lengua y su magia al hacerlo, una mano en tu cabeza, la otra en tus pechos. Lo sentí, lo disfruté, y tú disfrutaste a tu vez de unos cuantos momentos buenos. Hoy el sexo es sólo una parte más. Quizás la más mágica, por ser la más diferente, pero la más importante... espero que no vuelva a serlo.
Mas te dicen que lo es, y tememos perdérnoslo. Yo, princesa, te daré cuanto puedo darte, y seré cuanto puedo ser: Auténtico. No viviré más para desnudarte. Cuando me des lo mejor de ti, no será tu cuerpo. Paradójico, cuando es perfecto.
Aunque la verdad, aunque hoy diga todo esto, es tan sólo pensar en lamerte... y muero.

2 comentarios:
Un beso muy fuerte y una bienvenida al mundo blogeril con esa historia tan bonita... detallando la magia de momentos que son tan especiales y únicos: El deseo.
Un besazo.
Mmm gracias ;) nos leemos :)
Publicar un comentario